Basura Tecnológica

domingo, 5 de julio de 2009



¿Su tele o su computadora desechados terminarán en una cuneta en Ghana?

Junio es la temporada de lluvias en Ghana, pero aquí, en Accra, la capital, la lluvia matutina ha cesado. Conforme el sol calienta el aire húmedo, las columnas de humo negro empiezan a elevarse sobre el extenso mercado de Agbogbloshie. Sigo una de ellas para hallar su origen, que se encuentra un poco más adelante de los vendedores de plátanos y lechugas, después de los puestos de llantas usadas y a través de un estruendoso mercado de chatarra donde unos hombres encorvados trabajan golpeando alternadores y bloques de cilindros para enderezarlos. En poco tiempo, el enlodado camino está flanqueado por montones de televisores viejos, armazones de computadora vacíos y monitores destrozados en una pila de tres metros de alto. Más allá, se extiende un campo cubierto por ceniza y salpicado por destellos ambarinos y verdes: son los pedazos de tableros de circuitos quebrados. Ahora veo que el humo no proviene de una fogata, sino de múltiples hogueras pequeñas. Muchas figuras se mueven entre los gases tóxicos, algunas remueven las llamas con palos, otras llevan los brazos llenos de cables de computadora de colores; la mayoría son niños.

Asfixiado, tomo mi camisa para cubrirme la nariz y me acerco a un muchacho de unos 15 años cuyo delgado cuerpo está envuelto por el humo. Se llama Karim y me cuenta que ha cuidado fogatas como esas durante dos años. Atiza el fuego de una de ellas y luego desaparece la parte superior de su cuerpo cuando se inclina sobre el hollín humeante. Levanta una maraña de alambre de cobre lejos de la vieja llanta que está usando como combustible y, al ponerla en un charco de agua para apagar las llamas, se oye cómo sisea. Una vez quemado el aislante ignífugo –proceso que libera una gran cantidad de sustancias cancerígenas y otros tóxicos– el alambre puede redituar un dólar al venderlo a un comprador de chatarra metálica.

Hago una nueva visita al mercado. En un montón de cenizas similar, sobre una ensenada que da al océano Atlántico cuando llueve mucho, Israel Mensah, un joven de unos 20 años, se acomoda sus lentes de diseñador y me explica cómo se gana la vida. Todos los días los vendedores de chatarra llevan montones de equipo electrónico viejo, cuyo origen él desconoce. Israel y sus socios compran unas cuantas computadoras o televisores; sus amigos y familiares, y hasta dos muchachos descalzos, nos escuchan embelesados mientras platicamos. Extraen el cobre que va pegado a los tubos de rayos catódicos y, al romperlos, dejan el terreno lleno de fragmentos que tienen plomo contaminante, una neurotoxina y cadmio, un elemento cancerígeno que daña los pulmones y los riñones. Sacan las piezas que pueden volver a venderse, como unidades de disco y chips de memoria. Luego arrancan el alambre y queman el plástico. Él vende el cobre extraído de una carga de chatarra para comprar otra. La clave para ganar dinero no es la seguridad sino la rapidez. Cerca, en la laguna, flotan caparazones de monitores rotos. Mañana, la lluvia los arrastrará hacia el océano.

Ver artículo completo: http://ngenespanol.com/2007/12/31/basura-tecnologica/



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